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» Las enfermeras piden que la ley les permita recetar medicamentos.
Esta noticia se publicó el 24 de February de 2006 y está archivada en Cataluña.

La Generalitat respalda la iniciativa y el cambio del proyecto sobre la prescripción de fármacos. El colectivo se considera preparado para asumir la atención de las enfermedades menos graves.

el Periódico.com, Ángels Gallardo, Barcelona.- El personal de enfermería de Catalunya –el 90% del colectivo son mujeres– se considera preparado, y respaldado por su experiencia diaria, para prescribir y recetar medicamentos con los que tratar síntomas de malestares claramente pasajeros o colaterales a un diagnóstico médico, como serían la fiebre de un bronquítico crónico, una diarrea súbita o las náuseas de un enfermo de cáncer.

El Col.legi d’Infermeria de Barcelona (CIB), apoyado por los del resto de Catalunya, ha pedido a la Conselleria de Salut que defienda una reforma legal que autorice la prescripción y receta de medicamentos a los 40.000 profesionales de enfermería de la red sanitaria catalana.

Las leyes españolas prohíben ésas y muchas otras funciones, cuya ejecución debe firmar un médico pero que, en la práctica, asumen y deciden las enfermeras. La iniciativa, transmitida al Consejo de Colegios de Enfermería de España, cuenta con el apoyo explícito de la consellera de Salut, Marina Geli, que ve necesario que la ley del medicamento, en fase de discusión en el Parlamento español, facilite el trabajo autónomo y resolutivo de las enfermeras.

DE FORMA PROGRESIVA:

“La consellera está naturalmente de acuerdo con la propuesta del CIB y es partidaria de que se produzca ese cambio legal”, afirmó ayer Carme Caja, que presiden la comisión de enfermería en Salut. “De forma progresiva, y con amparo legal, las enfermeras deben asumir, con independencia del médico, la prescripción de las pruebas diagnósticas de un enfermo crónico, la receta del material de curas y la de medicamentos”, añadió.

La enfermera tiene conocimientos suficientes para prescribir determinados fármacos de forma autónoma, dice el informe del CIB. “En la práctica diaria –prosigue–, esta profesional utiliza fármacos sin prescripción médica, sin que se le reconozca la competencia para hacerlo y sin autorización legal, pero con el visto bueno tácito o explícito de la Administración sanitaria”.

La petición del CIB no se refiere a los fármacos de venta libre en las farmacias, que no precisan receta médica, si no a los que sí la requieren y que están financiados por el Servei Català de la Salut.

“El tema de la prescripción de fármacos se ha mitificado en exceso y se ha relacionado en exclusiva con el diagnóstico de un médico –asegura Núria Cuxart, vicepresidenta del CIB–. También diagnostica la enfermera cuando va al domicilio de un enfermo que sufre náuseas o dolor crónico, al curar a un operado o al decidir que es necesario recetar un antitérmico para bajar la fiebre”.

Además de éstas, muchas decisiones terapéuticas son asumidas a diario por las enfermeras, prosigue Cuxart. “Lo hacen, pero han de ir en busca de un médico que les firme las recetas –afirma–. La situación tampoco es cómoda para el doctor que autoriza y se hace responsable de algo que no ha decidido él”. “No queremos invadir las competencias de los médicos –puntualiza Mariona Creus, presidenta del CIB–. Las enfermeras están capacitadas para utilizar los fármacos. Se trata de que la ley reconozca algo que sucede a diario en hospitales y ambulatorios”.

“ALGUNAS COSAS”

El presidente del Col.legi de Metges de Barcelona, Miquel Bruguera, admitió ayer la posibilidad de que el personal de enfermería pueda prescribir “algunas cosas”, y citó los fármacos para molestias crónicas. “Todas las circunstancias que requieran un diagnóstico, son responsabilidad del médico –puntualizó–. La prescripción, en sentido estricto, es un acto médico”.

El doctor Josep Espinasa, de la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitaria, se mostró partidario de que las enfermeras atiendan a usuarios que acuden a los centros de asistencia primaria (CAP) con malestares en principio leves. “No nos negamos a que la enfermera asuma algunos diagnósticos –afirmó–. Toda la presión de los CAP se dirige hacia el médico, pero es evidente que la enfermería está desaprovechada”.

La Generalitat y el resto de colectivos coinciden en que si la ley española reconoce capacidad terapéuticas al personal de enfermería sus funciones deberán quedar pautadas en un catálogo que describa los protocolos a seguir en cada caso, como ya sucede con la mayoría de síndromes que atienden los médicos.

UN CATÁLOGO FIJARÁ LAS FUNCIONES DE LOS MÉDICOS Y LAS ENFERMERAS
El médico diagnostica una bronquitis crónica a un fumador, pero si ese enfermo no toma la medicación como debe, no hace ejercicio y duerme mal, será la enfermera quien corrija el tratamiento, introduzca algún relajante contra el insomnio y busque un fármaco mucolítico fácil de tolerar. El médico firmará las recetas. Con ese ejemplo describe Núria Cuxart, vicepresidenta del Col.legi d’Infermeria de Barcelona (CIB), la actividad cotidiana de las enfermeras que atienden en los centros de asistencia primaria (CAP) de Catalunya.

“El médico hace el diagnóstico de la enfermedad y fija un tratamiento; la enfermera adapta la respuesta de una persona concreta a esa pauta farmacológica –explica Cuxart–. Pero lo hace sin autonomía para afrontar de forma efectiva su trabajo”.

Lo mismo ocurre cuando un anciano que sufre incontinencia urinaria va al CAP en busca de pañales para el mes siguiente, o si la enfermera que controla a un diabético crónico solicita el análisis y el control visual de cada trimestre. También necesitará la firma del médico para ordenar esas pruebas.

El CIB no ha cerrado aún el catálogo de malestares y fármacos que podrían ser atendidos y recetados, respectivamente , por el personal de enfermería pero, entre los que ya están decididos, citan antidiarreicos, antiheméticos para náuseas y vómitos, analgésicos suaves para el dolor, pomadas para lesiones cutáneas, antiinflamatorios, laxantes, sedantes suaves para el sueño irregular y anticonceptivos simples.

REPARTO DE COMPETENCIAS:
“Cada centro debería tener un catálogo específico, elaborado a partir del tipo de usuarios que atiende –apunta el doctor Josep Espinasa, de la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària–. Esos protocolos deberían delimitar con claridad las competencias del médico y las de las enfermas. El trabajo de ambos sería mucho más eficaz”.

La Conselleria de Salut planteó, discretamente, una iniciativa similar en el Pla d’Hivern que elaboró el pasado otoño para afrontar una eventual epidemia de gripe, que no se ha producido: en el momento de máxima demanda de asistencia, en el punto álgido de la epidemia gripal, decía la propuesta, el personal de enfermería atenderá a enfermos con síntomas gripales poco graves.

El Col.legi de Metges de Barcelona y el de enfermería rechazaron la iniciativa. El primero, por la supuesta invasión de competencias diagnósticas que implicaría la medida, y el Col.legi d’Infermeria de Barcelona (CIB), porque llevaba al colectivo a actuar fuera de la ley. “Las enfermeras no tienen autoridad legal para diagnosticar ni recetar”, recordó Mariona Creus, presidenta del CIB.

La actual iniciativa del colegio profesional de enfermería surge de la oportunidad que supone que la ley española sobre el uso racional del medicamento esté en pleno debate parlamentario. “La prescripción de fármacos por parte de enfermería ya es un hecho que sólo necesita ser legal”, dice el informe del CIB.

EL PAPEL DE LA ENFERMERA

Los portavoces de enfermería de hospitales y ambulatorios han reiterado su disponibilidad para asumir nuevas funciones en la atención a los pacientes. El punto más delicado de la reivindicación que plantean es la posibilidad de recetar medicamentos para síntomas conocidos y frecuentes.

Estamos ante una propuesta que puede aceptarse si se respeta el principio doctrinal de que quien diagnostica es, siempre, el médico. En esa tarea, de la que se derivan responsabilidades si hay errores o complicaciones no previstas, el doctor no puede ser sustituido por una enfermera, de cuya experiencia nadie duda. En cambio, la aportación que se ofrece puede reducir la presión a los especialistas y mejorar el conjunto de la asistencia sanitaria si se establecen protocolos claros entre médicos y enfermeras para que sean éstas las que realicen el seguimiento de determinados diagnósticos previamente realizados. En casos de diarrea y fiebre, con algunos anticonceptivos o ante dolores crónicos, podría dejarse al personal de enfermería la vigilancia rutinaria y la capacidad de prescripción con planteamientos muy concretos. Este modelo sería viable y debe explorarse sin prejuicios

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