En PUNTO DE VISTA de ACTA SANITARIA D. Carlos Nicolás su Director expone:
A juzgar por la propaganda electoral, la mayoría de los políticos se enfrenta a una sociedad enferma, muy distinta de la imagen que ofrecen las encuestas de salud. De ahí que se olvide la medicina preventiva, se deje de lado la autonomía de los pacientes y se abogue por un paternalismo complaciente digno de todo rechazo.
Lo primero que llama la atención de los programas electorales es la casi ausencia de políticas preventivas, que exigen responsabilidad del ciudadano, frente al predominio de los proyectos curativos, tan exagerados en algunos casos que van a convertir a los políticos en buscadores de enfermos para poder dar actividad a muchos de los centros que están inaugurando. La Comunidad de Madrid, gobernada por el Partido Popular (PP), ofrece la situación paradigmática. La falta de planificación de los nuevos hospitales, cuya entrada en vigor va a dejar camas vacías en varios de los grandes centros existentes, pone en evidencia que se piensa en la sanidad como bien de consumo que precisa de enfermos y, en consecuencia, que éstos son fáciles de crear como, en otro orden de cosas, se ha denunciado que sucede con algunas de las denominadas nuevas enfermedades. En este caso, primero se crean los hospitales y luego a los enfermos.
De todos modos, ésta tan sólo sería una de las preocupaciones que suscitan unos programas electorales pensados, en una gran parte, desde los despachos pues, en contra de lo que venían propugnando los partidarios de la universalización de la asistencia, la participación brilla por su ausencia. De alguna manera, tal ausencia de participación en la gestión se plasma en políticas sanitarias paternalistas en las que no suele figurar la prevención, en la que juega un papel fundamental la actuación del ciudadano.
Por otro lado, cuando se habla de nuevas formas de gestión de la asistencia, tratando de justificar el traspaso de la pública a manos privadas, lo único que se intenta es reforzar la idea de no participación, con la intención de dar al ciudadano todo hecho, para que no tenga que preocuparse de nada. Y eso es paternalismo, ajeno totalmente a lo que debe esperarse de una asistencia financiada con fondos públicos. Y resulta lamentable que, mientras las encuestas de salud insisten en el buen estado en que dicen sentirse los ciudadanos, los políticos hayan decidido convertirlos en enfermos, sin más recursos ni posibilidades que las que ellos paternalmente les ofrecen.