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» ENFERMEDADES IMAGINARIAS
Esta noticia se publicó el 2 dAmerica/New_York September dAmerica/New_York 2009 y está archivada en Publicado en la Prensa.

A.S.-Los seres humanos somos capaces de imaginar. Es decir, somos capaces de representar experiencias y de percibirlas como diferentes de la realidad. Podemos imaginar respecto al pasado, al presente y al futuro. Cuando perdemos esa capacidad tenemos graves alteraciones mentales. Así, el autista es incapaz de imaginar, lo que le impide jugar, por ejemplo. La imaginación se basa en la capacidad de abstracción de la realidad presente, y nos permite expresar y buscar soluciones a problemas, deseos y necesidades.

La imaginación lleva a la fantasía cuando el razonamiento que le sigue es poco consistente. En caso opuesto la imaginación lleva a la inferencia. Entre fantasía e inferencia el ser humano emplea la imaginación como una forma de resolver el difícil problema de vivir con cierta dignidad. El mundo de la fantasía se puede llenar de seres y casos extraños e imposibles. El mundo de la inferencia es en cierto modo cartesiano y preciso, lleno de posibles e innovadoras respuestas. En condiciones de buena salud mental todos distinguimos entre fantasía, imaginación, inferencia y realidad por más que sus límites se solapen con frecuencia y, a veces, el intenso deseo engañe a la mente hasta convertir la fantasía y la imaginación en una fuerza tal que nos lleve a confusión. O nos mueva sin lógica.

Imaginación activa

Jung propuso un método de activación del inconsciente basado en el ejercicio de imaginación. Consiste en evocar mentalmente algo, y en establecer un diálogo acerca del mismo. Por ejemplo, recordar una imagen soñada y tratar de interrogarse a uno mismo sobre su significado, sobre su origen y sentido. De esta manera podemos explorar el profundo sentido de lo que aparentemente es absurdo, o que no entendemos sin más. En cierta forma muchos métodos de propaganda logran aprovechar esa imaginación activa para darnos las respuestas sin haber hecho preguntas. Incluso la persuasión lleva a considerar la solución a un problema que no existe. Finalmente, la evocación de la imagen o cosa conlleva una respuesta automática, de la que no somos conscientes. La imaginación activa desaparece transformada en propaganda, en manipulación.

Nos resulta costoso aceptar el punto de vista empírico que lleva a considerar la realidad como una representación, como una de las posibles interpretaciones de la misma. Nos sentimos más seguros en el idealismo, que cree que las cosas existen tal y como son. Esta última filosofía inunda las ciencias biológicas, especialmente la Medicina, de forma que pareciera que, por ejemplo, las enfermedades existen tal cual. La imaginación activa es capaz de componer mentalmente una representación de una enfermedad, y después la atribuye a un paciente con determinados signos y síntomas. De esta forma el paciente deviene en sujeto al que se le atribuye una característica. Con ello se destruye el principio básico de que “no hay enfermedades sino enfermos”.

Gripe

La gripe es una enfermedad leve que todos padecemos de vez en cuando. Con fiebre, malestar y dolor de cabeza, músculos y huesos, nos tumba un par de días. Si uno se imagina a sí mismo con fiebre y dialoga con esa figura quejosa, quizá lo que más asombre es que un virus cualquiera sea capaz de cortar tan por lo sano nuestra actividad. Raramente asociaría un lego la gripe a la muerte. El profesional recordará a este respecto la “gripe del 17-18″, o “gripe española”, y ya no verá tan lejos gripe y muerte. Además, si el profesional es cultivado conocerá los trabajos que asocian los picos de mayor mortalidad en la población a los días de intenso calor en verano y a los días de epidemia gripal en invierno. Y, en todo caso, no dejará de haber tenido la experiencia de una gripe que se complica con neumonía y que se lleva por delante incluso a un sano joven.

Es enfermedad imaginaria la que, a partir de la realidad, lleva a fantasía, no a inferencia. Por ejemplo, es enfermedad imaginaria la que se ha logrado crear en la población mundial con la gripe A (porcina o mejicana). No es que la gripe A sea inexistente, sino que la gripe A se ve como enfermedad mortal, como enfermedad gravísima, como peste epidémica que arrasará a la Humanidad. En la imagen popular, y de muchos profesionales, la gripe A se ve como una especie de tsunami que nos ahogará con sus complicaciones y de la que hay que defenderse con cualquier medio, desde mascarillas a cambios de conducta (”no beses, no des la mano, di hola”). No es fácil lograr en apenas unos meses este cambio social mundial, de temor reverencial y de pánico ante la gripe A. Sobre todo, pánico por la confusión de contagiosidad con gravedad.

Inferencia y fantasía

Es lógico y prudente mantener una vigilancia activa ante las nuevas infecciones. Por ejemplo, es beneficioso que haya una revista sobre enfermedades infecciosas emergentes. Pero conviene la inferencia, no la fantasía. Así, la gripe A ha sido muy benigna en todas sus ondas epidémicas desde que apareció, incluyendo el crudo invierno austral que termina ya. Lo lógico y esperable es que la gripe A sea benigna en el invierno boreal, el que se nos viene ya. La población y los profesionales se enfrentarán a una pandemia más, con la ventaja de que su enorme contagiosidad no conlleva gravedad.

Por supuesto, la fantasía nos puede llevar a imaginar horribles mutaciones del virus de la gripe A, que conlleven gran mortalidad. También nos puede llevar a imaginar lo contrario, a que el virus se destruya por sí solo. Pero dejemos la fantasía y empleemos la lógica y la ciencia. Conviene la inferencia, la prudencia. Nos enfrentamos a una pandemia de gripe A, de gripe de menor gravedad que la normal de todos los años.

Juan Gérvas es Médico General Rural en la Comunidad de Madrid e impulsor del Equipo CESCA 
    

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