Agradezco a los organizadores de estas I Jornadas Abic-Faecap que hayan tenido a bien invitar a dar su humilde opinión a una enfermera de tropa. Es un honor poder compartir esta jornada con todos vosotros.
Me han pedido que hable de la importancia de la enfermera comunitaria para la sociedad.
Creo que es una buena época para que las enfermeras se decidan a ocupar un lugar y una función en la comunidad.
Lugar y función que si no realizan las enfermeras harán otros profesionales.
La historia nos enseña que las sociedades siempre han creado los oficios que necesitaban y han rechazado los otros.
Me parece necesario debatir esta cuestión no con un espíritu de defensa del territorio sino desde el terreno de la utilidad social.
Estamos en una sociedad cambiante: el número de familias en las que el tiempo disponible para el cuidado de niños y ancianos cada vez es menor, familias monoparentales, en crisis, o incluso dimisionarias en el cuidado de hijos y ancianos, y donde la demagogia de los políticos también dimite en la atención a las bolsas de pobreza de los desplazados del sistema e inmigrados.
A la vez es una sociedad impelida a acudir cada vez más a la atención informal (sobre todo a las mujeres como fuerza de trabajo gratuita e invisible) debido al envejecimiento progresivo de la población y al aumento de enfermedades crónicas.
Creo que la posición en la comunidad de las enfermeras en este momento es un RETO y una OPORTUNIDAD para llevar a cabo una HUMANIZACIÓN de los cuidados frente al consumo de nuevas tecnologías.
Nuestra contribución esencial es acompañar a la sociedad y a los ciudadanos en el proceso de cuidarse más y mejor hasta llegar a conseguir y mantener al máximo su autonomía.
El objetivo de las enfermeras comunitarias debería ser construir con la familia y la sociedad nuevas creencias en salud que faciliten las adaptaciones necesarias a las diferentes etapas evolutivas de las personas para intentar reducir las fuentes de estrés y sufrimiento y realzar el sentimiento de competencia y autonomía de los miembros de la familia y por ende de la población.
Depende mucho de la actitud del profesional: no hay estética sin ética
Para ilustrar las afirmaciones anteriores quisiera contarles mi experiencia personal: trabajo en el Centro de Salud de Sa Pobla, población agrícola en crisis, situada geográficamente cerca de un sector turístico muy pujante, cuyo censo es de 11.600 habitantes de los cuales 1.480 son inmigrados de países extracomunitarios (fuentes de los servicios sociales calculan que hay que añadir unos 500 más sin papeles).
De ellos un 90% proceden de la zona de Nador en el RIF, son beréberes de una zona rural y deprimida, la mayoría de los cuales no habla ni escribe árabe ni entiende el marroquí sino sólo su dialecto el Shelja.
Es una población que en su país de procedencia tiene difícil acceso al sistema sanitario ya que vive en pequeñas poblaciones dispersas llamadas duares, y que tampoco en su propio contexto cultural concede demasiada importancia a los conceptos de prevención o promoción de la salud.
Tenemos una población adolescente entre la cual se cuentan obviamente inmigrados, en la que el aumento de los comportamientos de riesgo emergentes (consumo de drogas, conducción temeraria, falta de conocimiento de los métodos de prevención de enfermedades de transmisión sexual y embarazos indeseados) es un hecho. Dentro de este grupo nos encontramos con un aumento del absentismo escolar, sobre todo al inicio de ESO que está compuesto mayoritariamente por adolescentes de ambos sexos de familias autóctonas desestructuradas y por adolescentes (sobre todo niñas) que pertenecen al colectivo magrebí.
Hace 5 años se creó en Sa Pobla una comisión de seguimiento del alumnado de procedencia extracomunitaria a través de un convenio entre el Ayuntamiento (Servicios Sociales) y la Conselleria de Educació i Cultura y se contrató a un mediador intercultural para facilitar la integración de los niños procedentes de piases extracomunitarios.
A esta comisión con el paso de los años se han ido incorporando otras instituciones como la Consellería de Benestar Social, y profesionales de otras instituciones que no colaboran en el Convenio entre los cuales me incluyo.
Los proyectos nacen del análisis realizado por el grupo que ha debido encontrar forzosamente a los que toman las decisiones sociales para convencerlos, a la vez que ha tenido que trabajar con los que toman las decisiones políticas y/o administrativas.
Para ello una vez realizado el primer análisis se ha ido a buscar a la población: AMPAS, asociaciones de inmigrantes, grupos de jóvenes, organizaciones cívicas de voluntariado y organizaciones no gubernamentales. Técnicos de las diferentes instituciones y población hemos estado trabajando conjuntamente.
Los profesionales de la salud y trabajadores sociales franceses y canadienses francófonos han validado un termino para este tipo de acción al que llaman “partenariado”. No debe ser confundido con coordinación, colaboración o cogestión. Lo podríamos traducir por asociación de empresas o instituciones con el objetivo de llevar a cabo una acción común.
Lo que sí se puede afirmar es que es sinónimo de eficacia pero también de dificultad.
Los participantes hemos debido adquirir la libertad de poder hablar sin temor delante de los otros, tener la capacidad de aportar nuestras observaciones y ser libres de crear con otros respuestas aunque estas sean chocantes. También hemos tenido que preguntarnos si somos libres de crear dentro de nuestra propia institución. Sin esta condición nuestros esfuerzos resultaran vanos.
Quizás debido a que esto todavía no se produce, es cierto que existe un cierto idilio o cortejo entre los diferentes agentes sociales entre los cuales me incluyo, pero hasta ahora este cortejo se hace en mi caso casi siempre extraoficialmente (ni el Ib-salut ni la Conselleria de Sanitat participan en los Convenios) fuera del sistema, fuera del horario laboral, de manera autodidacta y no nos engañemos supeditado al ámbito de lo que los gerentes, directores médicos o de enfermería, coordinadores y otros titulados superiores han consentido o tolerado o en un terreno en el que se han inhibido por que no parece ser prioritario.
Aunque quizás con la puesta en marcha del Plan de Inmigración y el Plan autonómico de Drogas haya una voluntad de mayor coordinación entre las diferentes instituciones, las acciones todavía no se han concretado en los Centros de Salud de Atención Primaria.
¿Cómo el cuidado a la comunidad ejercido como profesión puede seguir siendo una fuente de placer cuando la organización general del sistema sanitario, está hasta tal punto centrada en la tarea a efectuar, los horarios que hay que respetar, las identidades que hay que valorar y los “roles propios” que proteger?
Es cierto que los resultados a medio plazo resultan alentadores; de los niños que ahora tienen 2 años el 15% son de origen extracomunitario y el 90% sin distinción de origen están incluidos en el Programa del niño sano.
El 90% de los niños de origen extracomunitario en la etapa de educación primaria están escolarizados tanto los nacidos aquí como los que se han acogido al proceso de reagrupación familiar, de ellos un 70% ha iniciado o completado el calendario vacunal y está incluido en el programa del niño sano. La captación se ha realizado a través de diversas estrategias: asambleas de inmigrados, reuniones con las asociaciones de inmigrantes, implicación de los administrativos del centro de salud, traducciones al árabe de autorizaciones de vacunas, captación a través de las escuelas y servicios sociales trabajando conjuntamente con la mediadora intercultural.
Aunque el objetivo principal de las acciones se centrara en la inclusión de niños, adolescentes y embarazadas dentro de las actividades preventivas, hemos aprovechado las diferentes actuaciones para solicitar tarjeta sanitaria a todos los inmigrados empadronados en nuestro municipio, asignando un médico, enfermera y abriendo historia clínica, aun sabiendo que la solicitud de tarjeta nos será devuelta por cualquiera de las innumerables trabas burocráticas.
Seguimos teniendo dificultades con el absentismo escolar de las niñas magrebíes a partir de los trece años y con el seguimiento del embarazo en las mujeres de la misma procedencia.
Estas acciones han supuesto también una demanda de conocimientos sobre las creencias, cultura del pueblo beréber por parte de los profesionales autóctonos, maestros, policía municipal, trabajadores sociales y de la sanidad y se han organizado diversos talleres en los que han intervenido expertos, pero en los que cada uno de nosotros ha podido interactuar con los otros y ha intentado completar una visión que podría haber sido todavía más parcial.
A partir de nuestra experiencia se han creado otras comisiones similares en otros Ayuntamientos y Mancomunidades de la isla y estamos elaborando un documento conjuntamente con los mediadores interculturales sobre cuáles deben ser los objetivos que debe de conseguir la población inmigrada con nuestra mediación.
A pesar de todo ello no podemos hablar de convivencia, sólo podemos hablar de que hasta ahora se han podido evitar bolsas de marginación entre los inmigrados y que no han aparecido manifestaciones de xenofobia por parte de los autóctonos.
Ya metidos en harina, la comisión pensó que había otro importante problema a tratar y que preocupaba tanto a la comunidad como a los profesionales: los adolescentes.
Desde los servicios sociales el Ayuntamiento solicitó otra subvención a través de un nuevo convenio, y la comisión se aumentó con un psicólogo y un educador de calle.
También en este campo hemos emprendido una serie de acciones: elaboramos una amplia encuesta a los adolescentes escolarizados, se publicaron los resultados en el boletín municipal juntamente con una carta en la que invitábamos a los padres a reuniones en la que se les explicarían los resultados de la encuesta, iniciamos contactos con los tutores de los institutos que transmitieron los resultados a los alumnos trabajando la información.
De esto se han derivado una serie de actuaciones:
Con los tutores de segundo y tercero de ESO que se han ofrecido voluntarios vamos a trabajar durante el curso que viene de los temas transversales: Afectividad y sexualidad, autoestima, toma de decisiones, factores de riesgo y factores de protección frente al uso de drogas.
Se ha abierto un punto de atención a los jóvenes: Consulta Joven en el Centro de Salud.
Se continuará con las actuaciones de la policía iniciadas el año pasado: “dejarse ver” por los alrededores de los patios de los institutos en las entradas y salidas de clase y durante los recreos.
Elaboración del Plan Municipal de Drogas durante este año
Preparación de las primeras jornadas sobre juventud en Sa Pobla en la que los jóvenes darán sus puntos de vista a políticos y técnicos.
Aunque todas las acciones se deciden por todos los componentes desde una misma perspectiva, para ser más operativos trabajamos en grupos más reducidos pero al menos una vez cada dos meses ponemos en común las intervenciones.
A medida que se vaya poniendo en marcha el Plan Socio-Sanitario y aumenten los recursos materiales y humanos, tenemos en perspectiva interactuar también con los ancianos, asociaciones de la tercera edad, asociaciones de enfermos crónicos y sus familias y cuidadores.
Creo que este es el ámbito en el que las enfermeras del Centro de Salud de Sa Pobla y muchas otras enfermeras comunitarias estamos trabajando y también el camino por que quisiéramos seguir pero hay una cuestión que me preocupa y me produce una cierta esquizofrenia: ¿ Qué especialidad debería ser la mía? ¿Enfermería de la infancia y la adolescencia o Enfermería de Familia y Comunitaria? Desde el trabajo practico que estoy realizando en estos momentos les aseguro que me resulta imposible deslindar una cosa de otra.
Para mí, más importante que el tipo de cualificación, es el adquirir una competencia profesional, no sólo en conocimientos si no también la capacitación real para resolver problemas a la población a la que atiendo.
Creo que necesitamos una formación más amplia y que en este momento quizás ha sido estratégicamente más factible hacer esta demanda a través de una especialidad ¿ pero no sería mejor realizar esta formación a través de una licenciatura?
¿No nos daría una mayor independencia en el sentido de desarrollo del máximo potencial una licenciatura?
¿No sería necesario que a la vez nuestras sociedades científicas definieran el perfil profesional y los estándares ideales para que las enfermeras de primaria pudieran ser evaluadas con criterios de competencia clínica?
¿No sería necesario pedir a las mismas enfermeras de Atención Primaria que definieran las características de los diversos puestos de trabajo en Atención Primaria?
¿No sería necesario pedir al sistema que intente modificar los métodos de selección del personal, introduciendo métodos de evaluación de la competencia profesional adecuados al perfil profesional y al perfil del trabajo a desarrollar?
Y todos: profesionales y administración comprometernos en trabajar en la definición, el contenido y desarrollo de la carrera profesional.
Quisiera terminar con una sola frase.
“Tengo la intuición de que el inagotable discurso humano de los hombres viviendo en comunidad es infinitamente más significativo y lleno de sentido de lo que ninguna verdad única jamás llegará a ser ” Hannah Arendt