» Reflexiones sobre la autonomía de los pacientes

El término “bioética
Por bioética en el español actual entendemos el estudio de los aspectos éticos de la investigación biológica y sus complicaciones, especialmente en medicina. Observando la palabra bioética vemos que está compuesta por bio, y por ética. Bio hace referencia a la biología, y la ética es la parte de la filosofía que estudia el comportamiento humano en su calidad de bueno o malo.

El término bioética apareció en 1970 para denominar la reflexión sobre los conflictos morales que surgen por los siguientes factores:

El desarrollo tecnológico que conlleva cambios al principio y al final de la vida. En ambos casos se desdibuja la línea de separación entre el ser y el no ser. Tanto el nacimiento como la muerte apareen como procesos; haciéndose patente la necesidad de un acuerdo para decidir en que momento termina y en que momento empieza la vida.

El proceso de emancipación de los años 60, preludio del movimiento de emancipación de los pacientes, éstos exigen no ser tratados como menores. La relación clínica empieza a horizontalizarse

El factor económico. En el año 1973 con la crisis económica aparecieron los números rojos en los sistemas sanitarios europeos. El aumento del crecimiento del gasto realizado por los gobiernos para mantener el estado del bienestar no era proporcional al crecimiento económico.

Estos tres factores empiezan a plantear problemas a la hora de tomar decisiones en la práctica clínica. Decisiones en cuanto a medios de diagnóstico y tratamiento, éstas tendrán que ser acuerdos a los que lleguen el profesional sanitario y el enfermo.

Diego Gracia en su libro “ Fundamentos y enseñanza de la bioética”, en el capítulo “Etica y gestión del cuerpo” dice textualmente “ los hombres del siglo XX han comenzado a exigir la capacidad de gestión sobre su propio cuerpo, y por tanto sobre su vida y su muerte.”

Desde la ética los filósofos han reflexionado sobre los conflictos morales que se plantean.

Los Principios de ética biomédica de T. L. Beauchamp y J. F. Childress

“Principles of Biomedical Ethics” es el título del libro de los dos autores anteriores, se publicó en 1979. Los autores manifiestan en el prefacio la pretensión de analizar sistemáticamente los principios morales que se deben aplicar en medicina para tomar decisiones. Entienden la ética biomédica como una “ética aplicada”.

Es interesante comentar que tienen convicciones filosóficas diferentes, Beauchamp es un utilitarista de regla y Childress es un deontologista, lo cual pone de manifiesto como teleologistas y deontologistas son capaces de aceptar un sistema de principios para llegar a decisiones idénticas sobre casos concretos.

Estos autores establecen cuatro principios:

Principio de justicia distributiva
Principio de no maleficencia
Principio de autonomía
Principio de beneficencia

Los autores establecen una jerarquía entre éstos principios de manera que cuando entran en conflicto a la hora de tomar una decisión sabemos cual debe prevalecer. Sin embargo los filósofos siguen pensando y discutiendo acerca de todo ello.

El principio de autonomía

Por autonomía entendemos la capacidad de un individuo o de un grupo de actuar con independencia y según su propio criterio.

Autonomía y Justicia distributiva

La consideración de la salud como un valor cuya protección asume el estado, hace que las personas acudan a los servicios sanitarios cuando consideren que los necesitan. Hasta donde debe llegar el estado en la prestación de servicios sanitarios, es algo que no solo el usuario puede decidir; sino que el límite a lo que el quiera será impuesto por la justicia distributiva.

Parece pues que de los principios vistos anteriormente el principio de la autonomía puede entrar en conflicto con el de la justicia distributiva

Nuestro derecho a recibir la mejor asistencia queda limitado por la disponibilidad de recursos, y por la distribución que se haga de los mismos

Este tema es muy interesante,¿ hasta dónde, y en que casos debe ser limitada la autonomía del usuario del sistema salud? Teniendo en cuenta que los recursos son limitados, los profesionales sanitarios tenemos la obligación de realizar la mejor distribución posible de los mismos. Así mismo los usuarios del sistema tienen la obligación de utilizarlos de forma responsable.

La educación sanitaria posibilita un ejercicio de la autonomía responsable, lo cual repercute en una mejor justicia distributiva.

El objetivo en la educación es hacer al individuo más autónomo y más independiente de los servicios sanitarios, frente a los problemas de salud; participando de una forma responsable en su salud. La educación pasa porque el usuario no se convierta en un consumidor exhaustivo de los servicios sanitarios.

La educación sanitaria repercute en un ahorro de recursos debido a la mayor eficacia de la medicina.

Beneficencia, No maleficencia y Autonomía

Podemos hablar en primer lugar de que consideramos los profesionales sanitarios prioritario para nosotros, ser beneficentes, es decir hacer el bien; o por el contrario no ser maleficentes, no hacer daño. Y si nuestra respuesta es la misma en cualquier situación. Si no lo es, de que dependen las diferentes respuestas.

Antes de respondernos a ésta pregunta, debemos preguntarnos quien dice lo que es beneficente y lo que es maleficente; lo decimos nosotros desde nuestro conocimiento técnico, o lo dice el paciente desde su vivencia.

Estas preguntas surgen a la hora de tomar decisiones relacionadas con la salud de las personas, ya sean referidas a métodos diagnósticos o a aplicaciones de tratamientos.

Parece que las respuestas serían variables y no habría una única respuesta. Las diferentes situaciones tendrían influencia en nuestras respuestas. Lo que es seguro es cada uno de nosotros tomaría la decisión desde sus propios valores; el problema surge cuando nuestros valores entran en conflicto con los de la persona a la cual prestamos servicios sanitarios.

No debemos olvidar que la salud es un valor reconocido por la Constitución Española. En el artículo 43 se reconoce el derecho a la protección de la salud y a la educación sanitaria

Algunos de los filósofos se han dedicado a estudiar sobre cual sería el mejor método para tomar decisiones , es decir el método con el que cometiéramos menos errores.

Con Diego Gracia nos hemos ejercitado en un método de toma de decisiones que consiste en buscar el curso de acción intermedio. Es decir ante un problema en el que hay dos soluciones extremas debemos huir de los extremos y buscar un camino intermedio.

Las soluciones que están situadas en los extremos suelen corresponder al profesional la de un extremo y al usuario-enfermo la solución del otro extremo.

Pongamos un ejemplo: si el enfermo tiene que cumplir unas medidas higiénico-dietéticas, mientras esté en hospital podemos darle de comer lo que consideramos adecuado, en el momento en que salga hará lo que quiera, y escapará a nuestro control que cumpla con éstas medidas o no.

Podemos decir que ya hemos cumplido con nuestra obligación diciéndole que es lo que tiene que hacer; y que por tanto no es nuestra responsabilidad, sin embargo nuestro fin último y hacia lo que van encaminados nuestros esfuerzos es hacia la curación y si no es posible a paliar el daño que esa persona este sufriendo.

Si lo que pretendemos es que un enfermo siga una dieta será mejor que pactemos con él, sin su colaboración no seremos capaces de pactar una dieta que sea capaz de cumplir. Por muchos conocimientos teóricos que tengamos si el enfermo no cumple lo que le recomendamos no lograremos una eficacia de la medicina.

Podemos tener muchos conocimientos teóricos acerca de una enfermedad, pero necesitamos también del conocimiento del individuo que la padece, y ese conocimiento el que mejor nos lo puede aportar es el mismo.

A la hora de decir a un enfermo lo que tiene que hacer para curarse o para controlar su enfermedad, debemos ser un tanto cuidadosos, ya que la ciencia a lo largo de su historia ha dado por buenas recomendaciones que luego no lo eran. Por ejemplo el pescado azul para reducir el colesterol ahora es recomendable, pero no hace tantos años que no lo era. En cuanto a tratamientos, hace 50 años se provocaba un neumotórax artificial para cerrar una caverna pulmonar provocada por la tuberculosis, y hoy nadie haría eso.

Estos argumentos nos llevan a reflexionar cuando un enfermo se resiste a seguir unas normas higiénico-dietéticas o a seguir un tratamiento. Escuchar al enfermo y dudar de que tengamos la razón puede resultar bastante ético.

Si nadie en la historia de la ciencia hubiera dudado que se podía hacer algo diferente estaríamos aún en la edad de piedra.

Gracia Álvarez Andrés
Enfermera experta en Bioética

BUDISMO
No hieras a los demás con lo que creas que pueden herirte. (Uldana Vargas 5, 18).
CONFUCIONISMO
Existe un máxima que debe regir en la vida y es la del amor supremo. No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.(Anacletas 15, 23).
HINDUISMO
Esta es la suma del deber: no hagas a los otros lo que te causaría pena si es hecho a ti. (Mahabharata 5, 1217).
TAOÍSMO:
Respeta las pertenencias de tu vecino como si fueran las tuyas, y las pérdidas de tus vecinos como si fueran tus propias pérdidas.(Tai Shang Kan P´leng).
JUDAÍSMO
Lo que sea malo para ti no lo hagas a tus semejantes.(Talmud Shabbat 3 id).
CRISTIANISMO:
Tratad a los demás como queráis que ellos os traten a vosotros.(Mateo 7, 12).

” Las citas que se recogen al final del artículo fueron encontradas en una lista de correo de enfermería. Estaban todas juntas para mostrar que la medida a la hora de valorar los actos que realizamos los hombres es similar en las distintas culturas”.

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