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José María Santamaría García Subdirector de enfermería A.P. Área 11 Madrid Vocal de investigación SEMAP
Como apunta la profesora Meleis en “El progreso del pensamiento teórico de la disciplina enfermera”: “Mirar una disciplina a través de los ojos del dominio de otra disciplina, tiende a provocar que los científicos devalúen y trivialicen las cuestiones centrales de su propia disciplina”. Aunque la profesora Meleis haga esta consideración desde la perspectiva disciplinar, creo poder asegurar que este problema se plantea igualmente en el ámbito profesional. Afirmación ésta que se ve refrendada ante el reto fundamental que ella misma plantea: “diseñar formas en las que la esencia de la disciplina, que es su práctica y sus agentes más importantes, que son los asistenciales, opten por participar en el desarrollo de una base de conocimientos para la enfermería”. Es por esto que he querido comenzar esta ponencia haciendo una reflexión acerca de lo que es la eficacia enfermera. Hablar de efectividad supone estudiar fenómenos, dentro de cualquier ámbito disciplinar, en los que una situación de partida se ve modificada por determinados actos, en condiciones reales, en el sentido que se pretende por dicho acto. A lo largo de mi práctica profesional, ya haya sido ésta en el ámbito asistencial, en la gestión, o en la investigación, he considerado que para analizar la efectividad enfermera debía estudiarse, por tanto, el cómo es resolución de los problemas enfermeros entendiendo por éstos aquellos que, definidos desde la disciplina, identifican y tratan las enfermeras en la atención a la población. Es decir, he centrado el desarrollo de mi labor profesional en el estudio de los resultados obtenidos por las enfermeras en la atención a personas que presentan problemas que, tras su pertinente valoración y diagnóstico, han sido tratados al entender que ésta es la manera de enfocar la evaluación del trabajo enfermero. Así pues, centrado el enfoque de mi exposición, pretendo presentarles como ha sido posible esta línea de trabajo, exponiendo brevemente como se han construido los sistemas de información necesarios para permitir la observación de estos fenómenos, así como los resultados obtenidos de su análisis. La implantación práctica de la metodología enfermera plantea la necesidad de establecer un sistema de información específico sobre planes de cuidados, debido fundamentalmente a que este tipo de sistemas no estaban definidos “a priori” en la atención primaria. Estos sistemas de información, según mi experiencia, llevan una evolución paralela al empleo de la metodología enfermera en la práctica asistencial, desarrollándose con la misma. Las fases de su desarrollo, en el que participé, se dividieron en: · Fase de implantación: durante esta fase, el sistema de información, diseñado y gestionado por la dirección de enfermería, consistía en una base de datos, centralizada en dirección, a la cual, las enfermeras, comunican nominalmente los diagnósticos de enfermería formulados en su práctica diaria. La información recogida y procesada era empleada fundamentalmente con uso externo para monitorizar el proceso de implantación de la metodología enfermera, para realizar la evaluación anual de los planes de cuidados y para apoyar técnicamente a distintas comisiones. · Fase de desarrollo: en atención por un lado a las demandas de los profesionales enfermeros para hacer un uso interno del sistema de información de los planes de cuidados y, por otro lado, a la propia necesidad de la dirección de profundizar en el análisis de los datos disponibles sobre planes de cuidados, se creó una nueva comisión que tendría como objetivo general el establecer nuevas líneas de desarrollo del sistema de información, ya no destinadas exclusivamente, a la monitorización del proceso de implantación de la metodología enfermera. Esta comisión buscaba, además del objetivo ya expuesto, la participación de los profesionales en el propio diseño del sistema de información. Por ello, desde su formación ha estado constituida por la dirección de enfermería y enfermeros asistenciales. Su primera misión fue la de analizar la situación de transmisión de información sobre planes de cuidados, su análisis y las necesidades existentes de “feed-back”, a los enfermeros, de dicha información. · Fase de consolidación: fruto del trabajo realizado durante la fase de desarrollo se puso en marcha un remodelado sistema de información que afectaba tanto a los canales internos de los datos pero muy especialmente a los indicadores empleados por el sistema:
Una vez expuestos los distintos indicadores les resumiré los resultados obtenidos en cada uno de ellos, tras el análisis de más de 25000 casos en los últimos años: En términos generales, la distribución de diagnósticos respeta una uniformidad año tras año por área de cuidados. Este dato queda patente si se analiza la información en términos porcentuales de casos por área de cuidados, siendo el área de la “Nutrición e hidratación” en la que más problemas de autocuidado se comunican, seguida de las áreas de “Eliminación”, la “Actividad y descanso” y la “Integridad y seguridad”, posiblemente por ser en estos campos donde la enfermeras han trabajado habitualmente en la A.P. Acerca de la distribución de casos por meses y año que puede apreciarse una sincronía anual en la comunicación donde los valles se corresponden con periodos vacacionales (aunque se mantiene la comunicación de casos debido a la utilización de la metodología por los suplentes) y con periodos de sobrecarga de trabajo (como en octubre con la evaluación de cartera de servicios y la campaña de vacunación). Los picos parecen deberse a la emisión los informes cuatrimestrales de seguimiento (elemento reforzador de la información). En cuanto a la distribución de casos por tipo de consulta/área de cuidados, se aprecia como en consulta a demanda los casos principalmente comunicados corresponden al área de la “Nutrición e hidratación” si bien no existen tantas diferencias, como la obtenida a nivel general, en el resto de áreas de cuidados salvo para el área de la “Integridad y seguridad” principalmente debido a diagnósticos derivados de problemas de autocuidado en el tratamiento de lesiones de la piel. En visita domiciliaria son el área de la “Integridad y seguridad” y la “Actividad y descanso” donde se comunican mayor número de diagnósticos quizá debido a las características de las personas que requieren este servicio (personas encamadas o con escasa movilidad en las que suelen presentarse úlceras por presión y/o con una pauta de tratamiento complicada). En los resultados obtenidos para los indicadores cualitativos, de los cinco indicadores de proceso (“Valoración”, “Diagnóstico”, “Objetivos”, “Actividades” y “Evolución”) es la “Evolución” la que peores resultados obtiene (en comparación con los otros cuatro) seguido por el indicador “Objetivos” (pudiéndose deber, este último dato, a un escaso desarrollo de los objetivos en el manual de planes de cuidados del Área). En cuanto al los indicadores “Calidad de proceso” y “Calidad general” ambos se sitúan por encima del 90% lo que puede traducirse en un correcto empleo de la metodología enfermera en la atención a la población. En cuanto a los indicadores “Evolución positiva” y “Evolución negativa”, a nivel de Área se observó que sus resultados fueron constantes situándose el primero en el 60% y el segundo en el 40% durante el periodo 1998-2000 pero, con la reedición del manual de planes de cuidados del área, donde se hizo un esfuerzo de enfoque bajo el prisma de la propuesta de un modelo disciplinar, en 2001 el porcentaje varió hacia un 75/25 a favor de la evolución positiva. Si desagregamos estos indicadores por área de cuidados es el A5 (“Integridad y seguridad”) la que, comparativamente peor calidad demuestra. Este dato parece estar en contraposición con el valor obtenido por el indicador “Evolución positiva” (el más alto de todos) para este mismo área de cuidados y en el que menos “Altas por abandono” se producen. Esta discrepancia puede estar producida por tratarse de un área donde hay una alta incidencia de los planes de cuidados formulados en el domicilio siendo en este medio, quizá, más difícil cumplimentar en la historia los datos medidos por los indicadores de proceso. La discrepancia ya comentada para el A5 no se produce en las demás áreas de cuidados por lo que no parece deberse a un problema en el diseño de los indicadores de proceso. Respecto a los planes de cuidados fuera de catálogo (F.C.) mantienen un nivel de calidad y resultados semejantes a otras áreas de cuidados lo que puede interpretarse como un indicador de la gran implantación y desarrollo de la aplicación de la metodología enfermera. En cuanto al A2 (“Nutrición e hidratación”) es significativo como, a pesar de su alto porcentaje en la formulación diagnóstica (por encima del 40% del total de casos) y de mantener indicadores de calidad semejantes a las otras áreas, es la que peores resultados obtiene respecto al indicador de “Evolución positiva”. Ya se han generado algunas hipótesis sobre la conveniencia de abordar los problemas de este área en conjunción con otras áreas como por ejemplo la A8 (“Propio concepto”). Respecto a las áreas de cuidados con bajo porcentaje de formulación diagnóstica (A1, A6, A7 y A8 (respiración, bienestar, comunicación y relación social y propio concepto)) su nivel de calidad es similar al del resto de las áreas. Los resultados obtenidos en estas áreas para el indicador “Evolución positiva” se sitúan por encima (salvo en el caso de la A5 (integridad y seguridad)) de los resultados obtenidos en la áreas de mayor porcentaje diagnóstico. Ambos aspectos vienen a avalar el hecho de que el escaso abordaje de este tipo de problemas de autocuidado por la enfermeras no se debe a factores como la falta de capacitación o los malos resultados obtenidos sino más bien a la tendencia de abordar problemas biológicos antes que los problemas psicológicos y sociales. Antes de finalizar, me gustaría hacer mención al sistema de información de planes de cuidados, en soporte informático, que está presente en los centros informatizados de la Comunidad de Madrid desde Agosto de 2001: el programa OMI-AP. Este sistema multiplica las posibilidades de obtener la información necesaria para analizar la efectividad enfermera aunque las experiencias al respecto están siendo desarrolladas. Sobre este punto, me gustaría hacer una reflexión que me parece relevante:¿como sabrán, en este programa informático el juicio diagnóstico que realiza la enfermera, debe “colgar” indefectiblemente de un Episodio sobre codificación CIAP?. Cuando al Grupo Técnico encargado de informatizar los planes de cuidados (según el Proyecto de Estandarización de Planes de Cuidados de la SGAP) se reunió por primera vez, planteó que esta situación de partida era inadecuada. Su posicionamiento desde el principio fue el emplear el mismo motor y arquitectura interna del programa sobre el que estaba trabajando para la implementación de la metodología enfermera. En aquel momento se dio una negativa centrada en que no era objetivo del grupo el abordar esa problemática, a pesar de que se hicieron propuestas que eran de más fácil realización, con menor coste, y a la postre mejores que la que al final se impuso.
En definitiva, opino firmemente, que el camino para analizar la efectividad enfermera, el trabajo enfermero, desde la perspectiva que les he expuesto es el correcto. Y es desde este enfoque, por tanto, desde donde habrá que interpretar el momento así las oportunidades que se nos presentan en aras de continuar con el desarrollo tanto de la profesión como de la disciplina.
Con afecto y agradecimiento a Inés Soto y Ángel Abad |